Toda mi vida he intentado comprender el mundo para poder contarlo.
Escritora · Periodista · Antropóloga

Escribir para comprender
Soy escritora, periodista y antropóloga. Desde hace más de treinta años trabajo con las palabras para contar historias, comprender a las personas y dar sentido a aquello que nos rodea.
Mi trayectoria ha transcurrido entre la literatura, el periodismo, la comunicación y la investigación. Territorios que pueden parecer distintos, pero que para mí nacen de una misma curiosidad: observar, escuchar, investigar y encontrar la forma precisa de contar una historia.
Me interesan especialmente la memoria, la identidad, los lugares y las vidas atravesadas por la Historia. Quizá por eso escribo, viajo e investigo de una manera muy parecida: buscando lo que permanece bajo la superficie y tratando de comprender cómo una experiencia individual puede hablarnos también de todos nosotros.
Aprender a mirar
Estudié Geografía e Historia y me especialicé en Antropología Cultural y Social porque quería comprender cómo viven las personas, cómo construyen su identidad y qué permanece de una cultura cuando el tiempo empieza a transformarla. La Antropología me enseñó a observar antes de interpretar. A intentar comprender una realidad desde dentro. A prestar atención a los gestos, las palabras, los silencios, los rituales, los objetos y las relaciones que explican una forma de estar en el mundo.
Con los años comprendí que aquella formación no se había quedado en la universidad. Se había convertido en una manera de mirar. Esa mirada sigue estando presente cuando entrevisto a alguien, cuando viajo, cuando investigo una historia, cuando fotografío un lugar y, sobre todo, cuando escribo.
Escribir antes de saber que sería escritora
La escritura llegó primero. Publiqué mi primer libro a los veintitrés años, mientras vivía en Londres. Todavía no podía saber qué lugar acabaría ocupando la escritura en mi vida. Después vendrían el periodismo, la publicidad, la comunicación, otros libros y muchos años trabajando con palabras que tenían objetivos muy diferentes. Pero la escritura nunca desapareció.
A veces fue profesión. Otras, herramienta. Otras, una forma de ordenar lo que estaba intentando comprender. Y con el tiempo volvió a ocupar el lugar del que probablemente nunca se había marchado del todo.
Aprender a preguntar
El periodismo me enseñó que una buena historia empieza muchas veces con una buena pregunta.
Trabajé en prensa y aprendí a observar la realidad buscando aquello que todavía no estaba explicado. A escuchar. A entrevistar. A contrastar. A desconfiar de la primera respuesta. Y, sobre todo, a entender que las personas raramente cuentan su historia de una sola vez. Hay que saber esperar. Hay que preguntar de otra manera. Hay que reconocer lo que alguien dice y también aquello que todavía no puede o no sabe decir.
Ese aprendizaje sigue presente cuando entrevisto a alguien para una investigación, reconstruyo una historia a partir de testimonios o intento comprender a un personaje.
Aprender a encontrar lo esencial
Después llegó la publicidad.
Puede parecer un territorio muy alejado de la literatura. No lo fue tanto. Trabajar durante años con ideas, conceptos y lenguaje me obligó a aprender a encontrar qué hace singular una historia y cómo decir mucho utilizando muy poco.
Una novela puede tener noventa mil palabras. Un concepto, quizá cuatro. Los dos necesitan precisión.
La publicidad me enseñó también algo que después resultaría fundamental para la comunicación y para el trabajo editorial: no basta con saber qué queremos decir; hay que pensar en quién está al otro lado.
Contar también es escuchar
La comunicación amplió la pregunta.
Durante años he trabajado con empresas, instituciones y proyectos intentando comprender cómo explicar quiénes son, qué hacen y qué relación quieren construir con las personas y con su entorno. Eso me llevó hacia la comunicación corporativa, la sostenibilidad, los contenidos y los proyectos culturales.
Y reforzó una convicción que atraviesa hoy todo mi trabajo: antes de construir un relato hay que comprender la realidad que queremos contar.
Los lugares

Viajar me enseñó a mirar el espacio como si también pudiera recordar.
Hay lugares en los que resulta imposible separar paisaje e Historia. Una calle. Una estación. Una prisión. Una casa. Un bosque. Una frontera. Lo que vemos pertenece al presente, pero debajo continúan existiendo otras capas.
Viajar se convirtió para mí en otra forma de investigar. Leo antes de llegar. Camino. Fotografío. Busco. Pregunto. Intento comprender qué ocurrió allí y qué queda de ello. De esa mirada nacen buena parte de mi escritura de viajes, mi fotografía y Geografías de la memoria.
Y volver a los libros
Algunas historias tardan años en encontrarnos.
Mis libros nacen de lugares diferentes, pero vuelven una y otra vez a territorios comunes: la memoria, la identidad, la Historia, las mujeres, los vínculos familiares, los lugares y aquello que una generación transmite a la siguiente.
En Un punto azul en el Mediterráneo, la memoria y el viaje atraviesan varias generaciones y geografías. En Apolo. 75 años sin parar de bailar, reconstruir la historia de una sala significó también reconstruir décadas de historia cultural y social de Barcelona. Y en mi trabajo de ficción histórica he regresado a Italia, a la Resistencia y a una historia familiar que permaneció durante décadas en la memoria antes de convertirse en literatura.
La historia que existe detrás de los documentos

Investigar no consiste únicamente en encontrar información. Lo aprendí de una manera especialmente intensa trabajando durante cuatro años en la recuperación de la memoria de Sala Apolo. Archivos. Fotografías. Documentos. Entrevistas. Recuerdos que no siempre coincidían. Personas que conservaban fragmentos diferentes de una misma historia. El trabajo consistía en reunirlos, contrastarlos y comprenderlos hasta que detrás de todos aquellos materiales apareciera un relato. El proyecto terminó adoptando muchas formas: libro, documental, archivo, exposición, recorrido patrimonial, web y comunicación.
Fue también una confirmación de algo que hoy forma parte de mi manera de trabajar: una historia no siempre sabe desde el principio qué forma necesita.
Hoy
Hoy todas esas vidas profesionales conviven.
Escribo.
Investigo.
Desarrollo proyectos editoriales y culturales.
Trabajo con historias que todavía están buscando su forma.
Viajo.
Fotografío.
Leo.
Pregunto.
Y sigo buscando historias. No porque crea que todo deba ser contado. Sino porque algunas historias, si nadie las cuenta, desaparecen.